1.- ANÁLISIS DEL CONCEPTO “CULTURA DE INTELIGENCIA”

Hablar sobre cultura de inteligencia nos lleva, en primer lugar, a delimitar el significado de la expresión.

El Glosario de Inteligencia, editado en 2007 por el Ministerio de Defensa español, establece que es “el conjunto de conocimientos que la sociedad debe conocer sobre la necesidad, el fin y la función de un servicio de inteligencia, de manera que perciba como propias cuestiones relacionadas con su seguridad, su libertad y la defensa de sus intereses. Es un tipo específico de cultura de defensa”.

Si entramos en la página web del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) podemos encontrar un enlace sobre cultura de inteligencia que recoge el siguiente texto: “La llamada Cultura de Inteligencia es una política de sensibilización pública iniciada en 2003 por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con el objetivo de mejorar el conocimiento de la sociedad en lo que respecta al fin y las funciones del Servicio de Inteligencia, como institución que forma parte del Estado democrático y que actúa al amparo de la legislación y controlado por ésta. Intenta demostrar también la importancia del análisis y de la Inteligencia como herramienta clave para la toma de decisiones estratégicas, tanto a nivel estatal como en el ámbito privado, en un entorno cada vez más globalizado e incierto.

La Cultura de Inteligencia se enmarca en una iniciativa más global, la llamada Cultura de Seguridad, que es compartida por los integrantes de la Comunidad de Inteligencia española. El objetivo común es que todos los actores sociales adquieran conciencia de que tienen un papel activo en la salvaguarda de la seguridad, y que sólo la suma de esfuerzos puede garantizar la seguridad y la defensa de los valores que compartimos”.

De acuerdo con los párrafos anteriores, conviene analizar varios aspectos:

I.- Existe unanimidad sobre la idea de que la cultura de inteligencia está relacionada con la cultura de seguridad. Ahora bien, ¿de qué seguridad estamos hablando? Aquí es más probable que afloren diferencias.

Hablar de seguridad nacional supone asumir y aceptar que existen unos intereses nacionales que todos, tanto instituciones públicas como entidades privadas o como individuos, estamos obligados a salvaguardar de forma proactiva: Defenderlos implica compromiso, de manera que es insuficiente limitarse a no agredirlos.

En un mundo globalizado al que hace referencia la propia página del CNI, esos intereses son multidisciplinares y transversales: sociales, culturales, políticos, económicos, legales, medioambientales, tecnológicos… es decir, abarcan la práctica totalidad de nuestra realidad como nación. Aquí surge otro interrogante de difícil respuesta, ¿hay consenso sobre cuáles son los intereses nacionales? A veces las diferentes perspectivas políticas o sociales nos impiden observar y considerar al Estado como ente superior a los Gobiernos que van tomando las riendas del país.

II.- “La defensa de los valores que compartimos”. ¿Existen valores compartidos por todos? Si la respuesta es negativa, resultará difícil aunar esfuerzos en aras de su defensa.

III.- ¿Quién determina qué conocimientos debe tener la sociedad sobre un servicio de inteligencia? En un entorno en el que la mayoría de la información está disponible y en el que la población está ávida de conocer resulta complejo delimitar ese alcance.

Los individuos cada vez quieren saber más sobre lo que hacen las instituciones públicas y, por otro lado, algunos servicios de inteligencia son muy celosos de sus misiones y, cegados por un secretismo en ocasiones incomprensible -por no decir absurdo-, limitan el acceso a ese conocimiento y, por lo tanto, ponen trabas a la comunicación y la cooperación necesarias para que la cultura de inteligencia sea real y eficaz.

IV.- “Política de sensibilización pública…”, ¿significa esto que solo la promueve el CNI? Tanto si la respuesta fuese afirmativa como si no, es evidente que la cultura de inteligencia no se consigue de un día para otro, sino que es el resultado de un proceso de transformación sociocultural. Empezar por el entorno universitario, sobre todo con formación de postgrado, y por el empresarial, fundamentalmente sobre la base de las empresas de sectores estratégicos y del IBEX 35, es una opción plausible, pero no debe ser exclusiva y excluyente.

La sensibilización se consigue a base de constancia desde las primeras etapas de la formación. Si desde niños somos educados en el respeto y la defensa de unos intereses nacionales, cuando seamos adultos tendremos claro qué es la inteligencia, para qué sirve, y por qué estamos obligados a contribuir a su producción y legitimados para beneficiarnos de ella.

Si tenemos en cuenta que España es un país de PYMES, la extensión de la cultura de inteligencia hacia ellas se convierte en una “exigencia nacional”. Ignorarlas supone dejarlas indefensas y en inferioridad de condiciones respecto a las empresas de otros países.

V.- “La Inteligencia como herramienta clave para la toma de decisiones estratégicas, tanto a nivel estatal como en el ámbito privado”. He aquí la constatación de que la inteligencia no es solo útil para el sector público y, por tanto, la necesidad de que los particulares también puedan producirla y consumirla.

VI.-La última reflexión que me gustaría hacer en este apartado es la relativa a la Comunidad de Inteligencia. La mención que se hace a ella en el sitio web del servicio de inteligencia español ¿incluye la denominada comunidad de inteligencia ampliada? Este es un tema interesante como para ser abordado en un artículo monográfico.

2.- SITUACIÓN ACTUAL DE LA CULTURA DE INTELIGENCIA

Una vez planteados los interrogantes relacionados con la delimitación conceptual, pasemos a analizar, de forma somera, cuál es el estado de salud de la cultura de inteligencia en España y en Hispanoamérica.

Para ello, permítanme distinguir tres sectores, aunque con ello caigamos en el simplismo y nos alejemos por un momento de la interrelación social: población en general, ámbito académico y entorno empresarial.

Conocimiento de la inteligencia por parte de la ciudadanía

Es difícil que exista cultura de inteligencia entre nosotros cuando ni siquiera tenemos claro qué es la inteligencia. En general, si realizáramos una encuesta, se confirmaría que un porcentaje muy alto (superior al 75 %) de la población no tiene una idea clara de lo que es la inteligencia. Dentro del 25 % restante, cabe mencionar tres grupos: a) el que confunde inteligencia con información; b) el que identifica inteligencia con espionaje o con el mundo de James Bond, y c) el que relaciona la inteligencia con algún escándalo relacionado con algún servicio de inteligencia (de su propio país o de un tercero).

Si a lo anterior le añadimos que lo habitual, al menos en nuestra cultura, es que las actividades de las agencias nacionales de inteligencia solo trascienden cuando constituyen un error -llamados errores de inteligencia-, el acceso del ciudadano a la esencia de esta realidad resulta francamente complicado.

Ahora bien, hoy en día, cualquier persona con cierta curiosidad por conocer se dirige a internet. Veamos qué se encontrará quien desee saber algo sobre el servicio de inteligencia español o de los otros países incluidos en este artículo.

El resultado es desalentador:

  • diseños poco o nada “amigables” o intuitivos;
  • falta de actualización;
  • ningún enlace a noticas o reseñas aparecidas en los medios de comunicación social;
  • dificultad para tramitar solicitudes o aportaciones de información;
  • ausencia de informes de inteligencia basados en fuentes abiertas de información;
  • inexistencia de un catálogo de servicios o actividades de los que pueda beneficiarse el ciudadano…

Si seguimos buscando y nos adentramos en las alusiones que los políticos hacen a la inteligencia, su utilidad, su necesidad, etcétera, el panorama tampoco mejora. La clase dirigente solo se refiere a los servicios de inteligencia cuando quiere exonerarse de responsabilidad -justificadamente o no- porque tiene la certeza de que el deber de reserva a la que están sometidas estas instituciones le privará de réplicas y críticas[1].

Los servicios de inteligencia están haciendo esfuerzos para acercarse a la ciudadanía, pero el resultado no está siendo el deseado.

Conocimiento de la inteligencia por parte del sector académico

Si seguimos buscando en la página web del servicio de inteligencia español, encontramos referencias al Máster Interuniversitario en Analista de Inteligencia, eso sí, las más recientes se remontan a 2014. La iniciativa es loable, pero cabe preguntarse por qué no es un máster oficial, y si realmente la formación hace honor a su denominación y forma analistas de inteligencia, esto es, profesionales capaces de producir inteligencia con la información disponible. El siguiente interrogante que se me ocurre es por qué no promociona otras actividades académicas ofrecidas por universidades públicas o privadas.

Es cierto que las universidades están haciendo esfuerzos por incluir la inteligencia como asignatura dentro de algunos grados -Relaciones Internacionales, Seguridad, Criminología, Derecho, Economía…-. Aquí el problema es otro: ¿A qué profesionales recurrir para impartir esta materia? Los investigadores y estudiosos saben mucho, pero no tienen experiencia; quienes tienen experiencia, o no pueden participar por la “dedicación exclusiva” que requieren los servicios de inteligencia, o no pueden hacerlo porque no son personal de la universidad o no tiene el título de doctor.

Como consecuencia del punto anterior, estamos asistiendo a un panorama en el que cualquier persona que haya estudiado algo sobre inteligencia o haya hecho un curso sobre ella, se siente autorizado y capacitado para dedicarse a formar en materia de inteligencia. Esto es respetable, por supuesto, pero ¿qué inteligencia estamos enseñando?, ¿se respetan siempre los principios éticos y el deber de reserva que afecta a funcionarios (civiles o militares).

La comunicación institucional entre la academia y los servicios de inteligencia es limitada, tanto en el número de centros de formación que tienen abierto un canal para acceder a las agencias como por la ausencia de los centros de formación superior y de postgrado en la comunidad de inteligencia -formal o ampliada-. El intercambio de conocimiento abierto sobre procedimientos de planificación, de búsqueda de información, y de elaboración y de comunicación de inteligencia entre todos los agentes incluidos en la comunidad de inteligencia es vital en un mundo cambiante y volátil en el que vivimos.

Si algunos ministerios hacen campañas de divulgación de los medios de comunicación social, resulta incomprensible que no lo hagan los servicios de inteligencia en aras de expandir el conocimiento de la sociedad sobre la inteligencia como producto y como institución pública dedicada a salvaguardar los intereses nacionales.

Existen otros factores que dificultan la generación de una auténtica cultura de inteligencia en el “mundo hispano”, en contraposición con lo que ocurre, por ejemplo, en el anglosajón:

  • El cine, los documentales, las tertulias, etcétera, al margen de algún caso puntual y de dudoso realismo, no trata temas relacionados con la inteligencia.
  • No disponemos de doctrina sobre inteligencia y su producción. Están proliferando manuales en español, pero, o son traducciones de obras de otros idiomas -y, por tanto, de otras culturas-, o son manuales que no abordan la disciplina con rigor y exposición de metodologías y procedimientos.
  • No hay centros de estudios especializados en la formación en inteligencia, algo muy superado en otras sociedades. Como mucho, encontramos programas dentro de algunas universidades en las que muchas veces cuesta ubicarlos porque no existen cátedras específicas. Así, si pretendemos aprender sobre inteligencia en español, tenemos que bucear hasta dar con ofertas en Colombia, Argentina, México o España.

Conocimiento de la inteligencia por parte del sector empresarial

En este punto debemos examinar dos grandes grupos de empresas: Por un lado, grandes grupos y compañías dedicadas a la industria de defensa o los sectores estratégicos; por otro, pequeñas y medianas empresas, las queridas y muchas veces olvidadas y maltratadas PYMES.

A.- Vayamos con el primer grupo. En general, saben lo que es la inteligencia económica, suelen aportar información a las agencias y se benefician de la inteligencia que estas realizan para ser más competitivas, obtener contratos en el extranjero, implantarse en otros países, etc.

Ahora bien, en el seno de estas empresas es habitual ubicar la unidad de inteligencia dentro de los departamentos de seguridad y son pocos los profesionales ajenos a esos departamentos que conocen qué es la inteligencia y para qué sirve; incluso, ignoran que su organización la emplea.

¿Significa esto que la inteligencia solo vale para salir al exterior? Rotundamente, no.

B.- Dentro de las PYMES, principal motor de las economías a las que nos estamos refiriendo en este artículo, detectamos desconocimiento, desorientación y, por tanto, desventaja.

Apreciamos que no hay un acercamiento, ni siquiera un intento, por parte de los servicios de inteligencia -directamente o a través de organizaciones sectoriales-. Si contribuyen en un porcentaje superior al 75 % a las economías nacionales, no parece lógica su desvinculación con los organismos que defienden los intereses nacionales, incluidos los económicos.

3.- CONCLUSIÓN

Supongo que ya han sacado sus propias conclusiones. No obstante, reflejémoslas a continuación.

En las sociedades de Hispanoamérica y España, la cultura de inteligencia es escasa y presenta serias imperfecciones. Los servicios de inteligencia, en general, están haciendo serios y loables esfuerzos por acercarse a la ciudadanía, pero aún queda mucho por hacer. Vamos con retraso respecto a otros países, lo que se traduce en una manifiesta pérdida de eficiencia a la hora de preservar los intereses nacionales, minimizar riesgos y salvaguardar la seguridad y el bienestar de nuestros conciudadanos.

Es tarea de todos promover la cultura de inteligencia, si bien debe estar coordinada para evitar disfunciones, malentendidos y una difusión perniciosa. Quizás uno de los primeros pasos sea el diseño de una comunidad de inteligencia global e inclusiva que aborde de manera colaborativa y, por supuesto, transversal y multidisciplinar, la expansión social de la cultura de inteligencia.

El compromiso, la cooperación y la comunicación entre instituciones, empresas y particulares son algunas de las piezas angulares para lograr una buena cimentación y un funcionamiento eficaz de esa comunidad llamada a crear o expandir la cultura de inteligencia en nuestros países.

4.- REFERFENCIAS

MINISTERIO DE DEFENSA español: Glosario de Inteligencia, 2007

BOB DE GRAAFF and JAMES M. NYCE: The handbook of European inteligense cultures, 2016

https: //www.cni.es

[1] En 2004, el Gobierno español aprobó la desclasificación de varios documentos relacionados con los atentados del 11-M.

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